Los políticos encuentran en el pasado más razones para argumentar que en el futuro. Para unos, el que cierta unidad territorial o institucional haya existido es su sola razón de continuidad. Pero, quizá, la mejor situación (por práctica o por deseada) sea otra. Para otros, creación de una nueva situación, en sí, ya es buena no encuentran más que beneficios. ¿Y si seguir igual, o casi igual, fuera mejor (o lo preferido por los ciudadanos)?
Estoy harto de los que sacralizan su nación (cuya definición no deja de ser o personal o de consenso). Y más de los que razonan su existencia (o su necesidad de constituirse como estado) en datos históricos, que pueden ser ciertos o cuestionables, pero no suficientes. Lo importante es mirar al futuro. Los estados históricos y las naciones históricas han sido superadas por la realidad que hace que pierdan o ganen competencias que tenían o que nunca tuvieron.
¿Que un determinado estado ha sido una unidad territorial e histórica desde hace varios siglos? Quizá sea más práctico que no lo sea en el futuro y se separe en varios estados. O quizá lo razonable cara a futuro es que lo sea aún más, que se refuerce esa unidad cara al interior y al exterior.
¿Qué una determinada área lleva mucho fraccionada en dos estados? Quizá se más lógico que ciertas decisiones (y por tanto ámbitos políticos decisorios) sean comunes. Y no estoy pensando en acuerdos puntuales si no en cesiones competenciales en manos de instituciones completamente nuevas que no tengan en cuenta las históricas fronteras.
La economía, o sus razones capitalistas de orden práctico, ya lo han entendido y las fronteras monetarias, mercantilistas, van cayendo (cuando no han caído ya) a nivel mundial. Se impone el libre comercio porque interesa (más al que más tiene que al que menos tiene, por lo que a veces es una imposición).
Otro ejemplo, muy distinto al económico, responde a la cultura y tradiciones (idioma, fiestas, costumbres, …) en las que una globalización, fácil dadas las posibilidades de transporte y comunicaciones actuales, puede poner en peligros idiomas minoritarios, fiestas locales, costumbres ancestrales, … que al igual que protegemos especies en vías de extinción porque entendemos que la biodiversidad hay que preservarla, merecen un cuidado, y no por nosotros si no por las futuras generaciones. Quizá sólo el reforzamiento “nacional”, el mantenimiento de las instituciones y políticas que defiendan un determinado ámbito (territorial-decisorio), la asunción de competencias que tuvo pero perdió o que nunca asumió pero ahora es “conveniente” que lo haga pueda evitar que perdamos cultura porque otra tiene un desarrollo mediático mayor.
Los políticos primero tienen un deseo (mantener una situación o cambiarla) y luego, y sólo luego, buscan las razones. Y además, casi siempre, en el pasado.
Y que nos tomen por tontos con frases como “el que quiere comer sólo es porque quiere comer más”. Hay muchas maneras de comer, no sólo juntos o por separado. Y muchas razones para hacerlo, no sólo por comer más cantidad o menos. Unos comen juntos pero menús distintos. Otros comen separados pero los mismos menús. En la misma mesa se pueden comer raciones de tamaño distinto y en mesas separadas raciones similares. Unos comen juntos porque se llevan bien y otros porque son muy sociables hasta con gente muy distinta a ellos. Otros prefieren mesa individual a pesar de tener mucho que ver con el vecino porque son tímidos o antipáticos. Y otros comen por separado al mediodía pero juntos por la noche. Otros gustan de comer por separado pero disfrutan invitando al resto y otros aunque coman con su hermano dividen la cuenta de manera estricta.